Cayendo el sol sobre el mar
observé cómo ardían las aguas del océano
por la luz q despedía el horizonte
las agua se tiñeron de color purpura
nunca visto en mis ojos.
Mis ojos enrojecieron
poco a poco y a medida q el sol se sumergía
perdiendose en la líquida inmensidad
fueron tomando un rosáceo
q maravillaron mi absorta mirada.
Me sentí hipnotizada ante tanta belleza
mi corazón latía con fuerza dentro de mi pecho
y la sangre galopaba por mis venas
mis pies desnudos se dejaban acariciar por las suaves olas
no podia irme sin contemplar tanta bellaza
y sé q volveré a contemplar esa gran atardecer...
q nunca olvidaré.
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