Oh dulce manos de anciana¡
aquellas q en mi infancia me acunaron,
las q constantemente me velaron,
fueron sus manos tibias y amorosas,
arrugadas pero con tersura,
las q cubrieron mi alma de ternura,
con miles de caricias primorosas,
Transcurrieron los años y hoy día,
aquellas santas manos veneradas,
las recuerdos en mi mente.
Quisiera q aún me acariciaran,
las manos de mi abuelita adorada,
y diesen consuelo a mi alma,
en las noches heladas de soledad e infinita.
Ella nunca te dejará, de alguna manera te aseguro que están con nosotros.Es precioso lo que has escrito.
ResponderEliminarUn beso enorme,
Angelines.-
Gracias¡ yo se q ella está ahí siempre y nunca me va ha dejar.Besitos¡¡
ResponderEliminarConchita.-